Sueño blanco

2014

Abrí los ojos; ella dormía. La tenue luz de la mañana alumbraba la habitación; yo la miraba. Pensaba muchas cosas mientras ella se inmiscuía en el insondable sueño blanco. Pensaba en la sensación milagrosa que me abordaba. Meditaba sobre cuánto me gustaba la trivial secuencia. Estaba disfrutando el paisaje que ante mis ojos se mostraba.

Es que; me gusta tanto que sus ojos cerrados palpiten cuando mi mano coquetea con sus pómulos y que el sueño blanco sea profanado por estremecimientos más nebulosos. Ella entonces a veces despierta y me mira. Otras veces sonríe y sus pupilas flotan como entre nubes y me gritan que me quieren al son del silencio. Adoro verla dormir. darle tibios besos en el cuello, y verla retorcerse de deliciosas sensaciones. Me encanta cuando despierta y tiene el semblante teñido de rubor, como si ojos para adentro, haya sido testigo de extraordinarias y voluptuosas visiones.

Pero, sobre todo, me gusta cuando abre el aire como con un cuchillo y perfora el silencio con dos perfectas palabras. Y me dice muy pausadamente: “te quiero”. Y cuando, luego, su boca forma un asterisco y se abre cuadro a cuadro recreando un agujero negro y me absorbe por completo.