2022

Cruzo el umbral de la desdicha
y regreso taciturno sobre mis pasos.
A lo lejos se oyen los cuervos graznar
ininteligibles alabanzas a la muerte-vida.

En la ominosa y vaporosa noche
se corona mi alma saciada de vicios del hombre.
Recurro a los ojos estelares de la efigie
que guarda el voluptuoso amor de la Madre Tierra.

Sin fortuna para recorrer los senderos de los elementos grávidos
con risa sardónica el Gran Arcano me señala “El Loco”.

Confieso que quisiera alcanzar el estado de gracia
y que las verdades de todos sean también las mías.
Los arquitectos pusieron los astros sobre nuestros semblantes
para dictar sentencia sobre los corazones y los destinos.

Pero los civilizados especímenes de barro se ciñen al espectáculo
de las artificiosas melodías de la Industria.
Así es moldeada la Gran Tragedia Humana
en el “theater / the earth” del libro de la vida.

Retorcido, inquieto y vagabundo me predispongo a huir
a las sombras incandescentes del desierto estéril.

Es de sobra conocido que en el yermo infértil
los demonios nacidos del fuego sin humo
gustan acechar a los hijos del Demiurgo
para torturarlos hasta la demencia.

Pero si los excesos y la ficción son los pilares sobre el que se cimienta
el principio de realidad de la civilización mayor
haré que mi espíritu se levante en alabanza
y de su semilla nazca la próxima generación de profetas.

Cuando los sellos abran la jaula de la Magna Serpiente Azul
que surca los océanos imposibles del macrocosmos;
el tiempo tirano de los hombres tocará a su fin.

El dragón rugirá sobre la espesa colina de cáscaras de los injustos
y su tedeum anunciará el esplendor en el estío de Satya Yuga.