La Marcha de la Gorra: un movimiento que batalla por la justicia social en Córdoba

Publicado en Código CBA

22 de noviembre de 2020

Este viernes, a partir de las 17hs y a pesar del mal tiempo, concurrió la Marcha de la Gorra, esta vez, bajo el lema: “Ante la respuesta represiva, somos memoria presente y lucha colectiva”. La Marcha de la Gorra nació como una forma de visibilizar el repudio hacia los casos de persecución, discriminación y de gatillo fácil a manos de la policía. Desde que nació en 2007, esta agrupación ha luchado por reivindicar los derechos de los jóvenes que son víctimas de las fuerzas policiales y el poder institucional.

En lo que va del año, los números que se presentaron en un informe de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI), ascienden a 102 casos de muertes relacionados a represión policial y gatillo fácil en Argentina; ocho de los casos se contabilizaron en Córdoba.

La multitud que participó de la movilización de la Marcha de la Gorra partió desde Colón y General Paz y se dirigió hacia Casa de Gobierno, donde no pudieron avanzar debido al vallado que la policía colocó a lo largo de las calles. Ante esta situación, desde las redes, la organización declaró:

“Nos cerraron el paso con vallas para que no accedamos al Centro Cívico pero nuestra lucha tiene más fuerza que un par de hierros… Nuestro reclamo exige justicia por cada asesinade en manos de las fuerzas represivas”.

Siendo la edición 14° de la Marcha de la Gorra, desde el colectivo organizado se emitió un comunicado y se manifestó que el “Estado desaparece, quema los montes, persigue a quienes se organizan, desaloja a quienes no tienen hogar ni servicios básicos y deja de lado a quienes llama esenciales; y una sociedad argentina que registra más de 31.000 muertos por COVID-19, un femicidio por día, 92 casos de gatillo fácil hasta agosto”. Y se remarcó:

“Llegamos hasta la valla. De un lado, todo monocolor; la quietud, las armas, la posición firme y fija. Unos waki-toki para buchonear. Y de este lado; la alegría, la música, los bombos, el baile y los colores, a pesar de todo. Porque nuestros gritos son de bronca y nuestros abrazos transformadores”.

Casos como el crimen en plena vía pública del joven Valentino Blas Correas, de 17 años, que fue asesinado en un hecho de gatillo fácil en la capital cordobesa, luego de que junto a sus amigos evadieran en automóvil un control policial en zona sur y le dispararan a quemarropa, o el ahogamiento de Facundo Astudillo Castro, que fue visto con vida el 30 de abril mientras hacía dedo por la Ruta 3 con destino hacia Bahía Blanca, y cuya última imagen con vida fue una fotografía que se le sacó en un retén policial en Buenos Aires por «violar» la cuarentena obligatoria de COVID-19; evidencian el desprecio de algunos efectivos policiales por la vida humana y el silencio cómplice de las autoridades estatales que, entre telones, avalan y encubren este tipo de comportamientos criminales por parte de las fuerzas de seguridad a lo largo y ancho del país.

Por hechos criminales como los mencionados arriba, las razzias “por portación de rostro” por parte de la policía, sumado a la discriminación estatal hacia ciertos sectores populares marginados de la sociedad, es que existen movilizaciones como la Marcha de la Gorra, que, entre otras problemáticas por las que combaten, reivindican la vida, representando las ausencias. Gracias a la presión de estas agrupaciones es que se avanzó en el logro de algunos derechos contra la avalancha de violencia policial que se vive en La Provincia de Córdoba; como el protocolo que prohíbe a la policía provincial el uso del arma reglamentaria para disparar contra una multitud o hacia un vehículo en movimiento, así como utilizarla como herramienta de disuasión en casos de fuga en algún control vehicular. Según las palabras del ministro de Seguridad provincial, Alfonso Mosquera, el uso de arma de fuego tiene que ser una «excepción excepcionalísima».

La otra lucha de la resiliencia que conforma la Marcha de la Gorra

Las organizaciones que conforman la Marcha de la Gorra, no sólo visibilizan su repudio hacia los casos de persecución, discriminación y de gatillo fácil por parte de la policía, sino que hace años que amplificaron su reclamo y se enfocaron en denunciar y exponer a los tres Centros Socioeducativos que existen en La Provincia de Córdoba, éstos son: el Centro Socioeducativo para Mujeres Adolescentes, el Centro Socioeducativo Semiabierto y el Complejo Esperanza.

Estas tres instituciones, conforme pasó el tiempo, han ido cambiando sus nombres con el fin de “simular” el rígido cumplimiento de la ley. Sin embargo, según las acusaciones de la organización Marcha de la Gorra, los niños y jóvenes que integran estos establecimientos se encontrarían privados de su libertad, bajo todo tipo de tratos vejatorios y ante el único amparo de un Juez.

El Comité Nacional para la Prevención de la Tortura emitió un informe, que se basa en una investigación realizada entre 2018 y 2019, donde documentaron observaciones y testimonios de los reclusos que habitaban distintas comisarías, institutos y penitenciarias de Argentina en ese período. El informe dejó en evidencia las aberrantes prácticas que los uniformados que componen las fuerzas policiales aplican a los reclusos, donde se “sigue evidenciando prácticas que lindan con un trato inhumano, por debajo de cualquier estándar de respeto a la dignidad de las personas, aun en situación de encierro por haber cometido algún delito”.

Entre las prácticas cotidianas de algunos centros penitenciarios y Centros Socioeducativos, son frecuentes:

“Actos de tortura al ser detenidos. Varios relataron que, al ser apresados, sufrieron “golpes con la mano abierta, patadas en zonas como la cabeza, costillas y manos, ocasionando en algunos casos fracturas de huesos”. En dependencias policiales señalaron “el uso de picanas y cajas de cartón mojadas puestas sobre el cuerpo, para que los golpes no dejaran marcas”.

En particular, sobre el Complejo Esperanza, el informe señaló el uso de la técnica del “barquito”, que es aplicada por los profesores –como se les llama a los carceleros- a los menores recluidos, la cual consiste en “sujetar a los menores con las manos y los pies en la espalda, mientras se encuentran de cara al piso. Cuando los adolescentes no se calman con esta técnica es frecuente que les inyecten tranquilizantes y los obliguen a pasar la noche en la sala donde se realiza la requisa a las visitas, la cual no posee cama ni baño”. Por otro lado, en la cárcel de mujeres de Córdoba “se identificó como práctica sistemática la utilización de sanciones informales que consisten en trasladarlas a la enfermería, para luego sujetarlas con cadenas o bandas de tela a los extremos de la camilla. Pueden llegar a estar hasta dos días sin agua, comida ni acceso a un baño”.

Habitaciones del Complejo Esperanza

Las “Cárceles para niños” –como las llama la agrupación-, son instituciones donde los jóvenes tienen el día por completo cronometrado, intervenido y controlado. Además, sus vínculos se encontrarían regidos por severos métodos de privilegio-castigo y de acceso-violación de derechos; tal cual funcionaría una penitenciaría. Por otro lado, la agrupación subraya que las víctimas que residen en los establecimientos duermen enrejados y que conviven con el miedo latente de ser encerrados en celdas o trasladados mediante esposas a un confinamiento solitario.

Por ser uno de los Centros Socioeducativos más perversos y polémicos del país, es que muchas prácticas del Complejo Esperanza son de público conocimiento; como las requisas humillantes, las palizas, la higiene infrahumana en sus instalaciones, los abusos sexuales entre los mismos reos o el aval de los profesores hacia algunos jóvenes privados de su libertad que les dan dinero a cambio de que se les cargue el celular; herramienta prohibida dentro del emplazamiento. Por lo que es de esperar que quienes ingresan en estas entidades lejos estén de rehabilitarse por sus conductas adictivas o delictivas.

Parte de la problemática con este tipo de entidades socioeducativas son el difícil acceso por parte de los medios de comunicación independiente, así como los continuos frentes con los que el establishment intenta matizar o enmascarar los violentos hechos que se dan entre sus muros; no es inusitado que los internos que no se adaptan a las reglas de convivencias aparezcan muertos bajo una carátula suicida. Esta mecánica en los tratos hacia los reclusos –según las múltiples denuncias realizadas por distintas Organizaciones No Gubernamentales- es una constante que se repite a escala nacional en este tipo de Centros Socioeducativos.

Los Jueces de Menores, son otro de los focos que la agrupación de la Marcha de la Gorra, señalan; manifiestan que estos Jueces, en algunos casos, ostentan sus cargos hace más de veinticinco años (cuando los Centros Socioculturas existen hace veinte) y de que son los principales responsables de velar por la salud y vida de los jóvenes que habitan en los establecimientos. Por lo que, realmente, las vejaciones y los maltratos a los «reclusos», así como la corrupción que aqueja a este tipo de centros de rehabilitaciones educativos parecen estar lejos de finalizar.

El viernes 20 de noviembre se dio cita a una nueva movilización de la Marcha de la Gorra, cuyo recorrido finalizó en las inmediaciones de La Casa de Gobierno. Frente a las calles valladas y el ciclón de miradas de las fuerzas policiales que las custodiaban, los cánticos resilientes de la multitud se hicieron oír, y bajo un cielo plomizo, clamaron justicia.

En el mural virtual de la Marcha de la Gorra se puede leer:

«Frente al Panal concluimos, con un momo patrullero en llamas, al calor de la movilización, acompañada por gotas de clamor, caídas del cielo y emergidas desde el barro. Tomamos el propio camino construido y también las luchas que nos anteceden; nos nutrimos de las luchas hermanas y transmutamos entre todxs, colectivamente, nuestra presencia acá, de nuevo. ¡Que se sepa que estamos más plantades que nunca, avivando las brasas de las luchas! ¡Que recordamos nuestra historia y a les pibes fusilades por el aparato represivo! Somos fuego transformador. Somos memoria presente. Somos lucha colectiva».

Una preocupación que crece: Las fiestas clandestinas en la provincia

Publicado en Código Cba

18 de noviembre de 2020

Las fiestas clandestinas están aumentando en la capital cordobesa y en su periferia, a pesar de que las autoridades sanitarias han sentenciado que este tipo de reuniones masivas pueden aumentar los casos por COVID-19 entre la población. Los jóvenes, cansados de la cuarentena eterna, se convocan mediante redes sociales como Instagram o por aplicaciones de mensajería como WhatsApp o Telegram para organizar fiestas en departamentos, casas o descampados, desafiando a las autoridades que, muchas veces, ven sus esfuerzos sobrepasados por la cantidad de personas involucradas en este tipo de reuniones no autorizadas.

Las llamadas “Fiestas Covid” se acrecientan con el arribo del verano y se vuelven una problemática que cada vez está más visibilizada a ojos de todos los cordobeses. La ausencia de protocolos y el doble discurso de las autoridades -que, por un lado, permiten las marchas y la apertura de bares donde, ineludiblemente, en muchos casos se visualiza el incumplimiento de la distancia social, mientras que, por otro, son prohibitivos con la apertura de eventos o de locales bailables- dan un permiso tácito para que este tipo de comportamientos se dé entre la población más joven que naturalmente quiere salir a divertirse.

Los fines de semana, a la madrugada, es común ver grupos de jóvenes por Nueva Córdoba o Centro comprando bebidas alcohólicas en kioscos o buscando algún departamento para sumarse a este tipo de fiestas no autorizadas. Los eventos se viven con naturalidad, con jóvenes ingresando a edificios a altas horas de la noche arreglados para celebrar y consumir bebidas alcohólicas. En muchos casos, incluso –según se puede apreciar en imágenes o videos que trascendieron-, no se toman los recaudos mínimos; como el uso constante del barbijo entre los presentes o un prudente distanciamiento social.

En fechas relevantes del calendario, como el pasado Halloween, por ejemplo, los eventos clandestinos se dispararon y se desbarataron varias fiestas en distintos operativos en el interior y en capital por parte de los Inspectores de la Dirección de Espectáculos Públicos en conjunto con la Policía Municipal, Provincial y Federal; como una fiesta de disfraces donde participaron alrededor de 300 personas en San Francisco en la madrugada del 1 de noviembre. La mayoría de este tipo de “Fiestas Covid” son intervenidas debido a las reiteradas denuncias de los vecinos a la policía.

Por otra parte, el Centro de Operaciones de Emergencias de la Provincia de Córdoba está evaluando autorizar el regreso de los espectáculos con público (al 45% de capacidad de cada lugar) a principios de 2021. Suceso que, de producirse, descomprimiría algo más la avalancha de fiestas clandestinas en la provincia. Sin embargo, lo cierto es que, con la llegada de diciembre y las fiestas santas y de fin de año en ciernes, las reuniones masivas no autorizadas son una preocupación latente para las autoridades a nivel nacional.

1.000 millones de personas estarán en la pobreza extrema en el 2030

Publicado en Código Cba

10 de diciembre de 2020

Un estudio del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) predice que el impacto socioeconómico que dejará la pandemia por COVID-19 podría arrastrar a la pobreza extrema a 207 millones de personas más de lo que mostraban las estadísticas vigentes. Esto dejaría un número de 1.000 millones de pobres alrededor del mundo para el 2030. 

Sin embargo, esta premisa es evitable, según los especialistas, mediante inversiones encauzadas hacia los logros propuestos por los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que, en caso de cumplirse, podrían conseguir sacar a 146 millones de personas de la estadística. El informe, que fue realizado por el PNUD y el The Frederick S. Pardee Center for International Futures de la Universidad de Denver, concluye que el escenario más optimista para la humanidad depende en alto grado de contener el aumento desmesurado de la pobreza y de la eliminación del virus. 

En relación al documento, el administrador del PNUD, Achim Steiner, hizo hincapié en que el informe deja en evidencia que la pandemia actual “es un punto de inflexión y las decisiones que tomen los líderes ahora podrían llevar al mundo en direcciones muy diferentes. Tenemos la oportunidad de invertir en una década de acción que no sólo ayude a las personas a recuperarse de la COVID-19, sino que restablezca el camino al desarrollo de las personas y del planeta hacia un futuro más justo, resiliente y sostenible”. Por otra parte, Steiner remarca la importancia de modificar patrones de comportamientos sociales y de consumo en pos de batallar por un cambio más favorable en los próximos años.

El estudio concluye que los Objetivos de Desarrollo Sostenible impulsados por la ONU tienen el potencial para mejorar el desarrollo social en estados frágiles y afectados por el conflicto en los que perviven el grueso de personas que podrían ser afectados de cumplirse la predicción. Los programas de la ODS se dividen en 17 objetivos que buscan erradicar la pobreza, proteger el planeta y garantizar la prosperidad y paz de todos los seres humanos; y que esperan se hagan efectivos para el 2030. Estos protocolos actúan en este momento en 170 países.

La postal de un encuentro: Hemingway y Fidel

Publicado en Avalancha Noticias

En el primer año del triunfo de la revolución cubana, un por entonces joven Fidel Castro se reunió en dos breves oportunidades con Papa Hemingway (como se lo conocía en Cuba). El escritor ya había ganado en 1952 el Pulitzer por su relato El viejo y el mar y el Premio Nobel de Literatura en 1954, por lo que ya era en ese momento un mito viviente. Hemingway pisó la isla caribeña por primera vez en 1928, acompañado de Paulina Feiffer, su segunda esposa. Pero no fue sino luego de su matrimonio con Mary Welsh, su cuarta mujer, en 1946, que se radicaría en la Finca Vigía, en la Habana.

El coloso de las letras norteamericanas, que curiosamente jamás inspiró ningún paraje de sus novelas en Estados Unidos, era perseguido y acosado por la dictadura de Batista en conjunto con la CIA y el FBI; la persecución fue impulsada porque el autor tenía un asunto personal con el director de esta última agencia de inteligencia, John Edgar Hoover.

Hemingway dijo en una reunión que Hoover abusó de un joven agente en el sótano de su casa, mientras Clyde Tolson, director asociado del FBI filmaba la escena. Ambos mandamás, según el relato que la propia víctima le confesaría más tarde al autor de Por quién doblan las campanas, estaban vestidos con prendas de mujer al momento del abuso. Este rumor habría llegado a oídos de Hoover y por ello habría desencadenado la persecución al escritor. Quizá por este ensañamiento, tras el triunfo revolucionario en 1959 del que Hemingway dijo sentirse “esperanzado”, fue que simpatizó de inmediato con el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas cubanas, Fidel Castro, del que a pesar de no saber nada sobre su figura llegó a decir que no podía ser peor que el dictador Batista.

El encuentro entre el revolucionario y la leyenda de las letras se produjo el 15 de mayo de 1960, en el Torneo de la Aguja, en Cojímar. Fidel, entonces de treinta y dos años, no sabía nada acerca de la pesca de aguja en mar abierto, pero participó del torneo para demostrar su buena voluntad ante Ernest Hemingway. A pesar de no tener experiencia, en un golpe de suerte hacia el final de la competencia el revolucionario logró atrapar dos agujas, que sumado a las tres que llevaba, le permitió ganar la competencia.

El premio fue entregado por el mismísmo Hemingway. Lo que conversaron aquel día sólo ellos lo saben. Castro, por su parte, llegó a decir en una entrevista que la novela Adiós a las armas de Hemingway fue su manual durante la Guerra de Guerrillas. Porqué Hemingway abandonó Cuba poco tiempo después y se distanció de Fidel sigue siendo un misterio, pero se especula que fue por las presiones que recibía de las agencias de inteligencia de su país, quienes constantemente lo amenazaban con tildarlo de traidor a la patria ante la opinión pública si no regresaba a Estados Unidos y se distanciaba del líder cubano.

En noviembre de 1960, Hemingway se internó en una clínica en Minnesota. Dos accidentes de avión en África y el abuso con el alcohol le habían dejado serias secuelas. El diagnóstico que recibió fue devastador: padecía diabetes, hipertensión y trastornos metabólicos que le afectaban el corazón, el hígado y otros órganos vitales. Su estado anímico decayó y se sumió aún más en la bebida, la melancolía y la locura. Ya no podía escribir y tenía la manía de hablar solo; decía que sus amigos muertos (la mayoría por el abuso del alcohol) le hablaban. El mítico autor fue sometido a tratamientos de electroshocks, una terapia común por aquella década en pacientes psiquiátricos.

Finalmente, en la propiedad de Ketchum, la mañana del domingo 2 de Julio de 1961, un envejecido Hemingway salió con sigilo de la habitación matrimonial y se dirigió al sótano donde guardaba las armas. Tomó su Boss, una escopeta británica de dos caños, la cargó, subió las escaleras de madera y fue hasta el hall de la casa. En el vestíbulo, cerca de la puerta principal, apoyó el cañón de la escopeta en su frente y disparó. Tenía entonces sesenta y dos años. El resto es historia y leyenda.

La historia de una obsesión: Zelda y Scott Fitzgerald

Publicado en La Náusea Literatura

Incontables personajes femeninos que eran el interés romántico de los protagonistas en las novelas y los relatos de Scott se inspiraron en Zelda. Desde que la conoció, Scott se vio atrapado en la espiral ciclotímica de “la primera chica flapper de Estados Unidos”, como solía llamarla. En los dorados años veinte la pareja tuvo los momentos de mayor felicidad; eran jóvenes, eran célebres y se codeaban con todas las grandes estrellas de la época.

Scott conoció a Zelda en 1918 en un baile del club de campo, cuando formaba parte del ejército como lugarteniente y todavía no había publicado ninguna de las novelas que lo harían inmortal. Ese mismo año La Primera Guerra terminó y Scott regresó a Nueva York con la amargura de nunca haber podido demostrar su valor en el campo de batalla. La pareja se comprometió en 1919, cuando Scott tenía veintitrés y Zelda diecinueve, pero el compromiso duró más bien poco, puesto que rompieron por las grandes diferencias que los separaban: Scott quería ser escritor, y por entonces pasaba largas jornadas sentado junto a la máquina de escribir. A Zelda la monotonía la aburría en extremo; ella quería ir a fiestas, codearse con extraños y sacarle el mayor partido a su juventud.

Poco tiempo después de la ruptura, Scott logró publicar su primera novela, A este lado del paraíso y Zela volvió junto a él para casarse al siguiente año. Fruto de su relación nacería su única hija, Frances Fitzgerald. El matrimonio desde entonces se la pasaría viajando por Europa. Se hospedaban constantemente en hoteles de lujo, dilapidando los adelantos que Scott recibía por sus obras, y con frecuencia eran echados por la puerta de atrás por montar fiestas que se salían de control. Las borracheras con ginebra de Scott son legendarias, así como la inhibición y los cambios de humor de Zelda.

En Francia, Scott comenzó a escribir El gran Gatsby, su tercera novela y la que sería su gran obra maestra. Mientras el escritor se encontraba absorto en la obra, Zelda se enredó en una aventura con un joven piloto Francés. A raíz de esto el matrimonio estuvo a punto de disolverse. Scott plasmó en El gran Gatsby todas sus obsesiones; rememoró su época de mayor felicidad (los lujuriosos años veinte), cuando todavía era joven y tenía todo por conquistarlo. Pero posiblemente lo que más le obsesionaba a Scott, por sobre cualquier cosa mundana y divina, era Zelda. La aventura fuera del matrimonio de Zelda lo desmoronó.

En El gran Gatsby se narra el ascenso y caída de Jay Gatsby, un millonario y misterioso magnate que deslumbra noche tras noche a Nueva York con sus fiestas. Montaje que hace con la única intención de recuperar al amor de juventud a la que no ve desde hace cinco años, la frívola y hermosísima Daisy Buchanan (una vez más inspirada en Zelda). La novela pasó desapercibida en Estados Unidos debido a la crisis financiera de 1929, que se conocería como La Gran Depresión. Ahora los Fitzgerald tenían que sumar a la lista de preocupaciones un nuevo aditamento, la falta de dinero para seguir manteniendo el estatus de vida.

En París conocieron a Hemingway y Scott se hizo muy amigo de él. Por su parte, Zelda no soportaba el machismo pedante de Hemingway y lo tildaba abiertamente de “hada con pelo en pecho” que era más “falso que cheque de goma”. La mala relación que existía entre ambos generó numerosos conflictos en el matrimonio de los Fitzgerald. Scott, por su parte, hizo todo lo posible para promover la carrera de Hemingway, que en ese tiempo era un auténtico desconocido. Le presentó a la reconocida escritora y coleccionista de arte Gertude Stein y hasta se lo recomendó a su editor. Para entonces la esquizofrenia de Zelda era palpable, constantemente sufría recaídas y protagonizaba escándalos. La muchacha flapper había intentado sobresalir en varias disciplinas; ballet, pintura, escritura, pero con ninguna actividad logró hacer carrera. Esto fue, lo que entre otras cosas, precipitó su hundimiento.

Finalmente, a partir de los años treinta, Zelda fue yendo y viniendo de un hospital psiquiátrico a otro, mientras que Scott regresó a Hollywood para dedicarse a escribir guiones de películas. Allí conoció a William Faulkner (premio Nobel de literatura en 1949), quien también repartía su tiempo labrando guiones. Scott más de una vez tuvo que ayudar a Faulkner a subirse al taxi puesto que éste tenía la manía de escribir mientras bebía, y terminaba su jornada completamente borracho. Como Scott, Faulkner odiaba tener que desperdiciar su talento escribiendo para Hollywood. Pero en ese tiempo era la única actividad alimenticia a la que podía recurrir un escritor desempleado.

Finalmente el 21 de diciembre de 1940 Scott falleció de un ataque al corazón mientras escuchaba por radio un partido de fútbol. Murió en el departamento que compartía con la periodista Sheilah Graham. Scott jamás se divorció de Zelda, quien, a su vez, nunca se recuperó de la muerte de su marido. Zelda falleció ocho años después, en su habitación del asilo psiquiátrico mientras esperaba una terapia de electroshock. Un incendio que se inició en la cocina del hospital se propagó por los pisos superiores matando a nueve mujeres, entre las que se incluía Zelda.

Scott en una oportunidad le escribió una carta a Zelda donde le decía lo siguiente: “Tu problema, Zelda, es que no te has contentado con beber de la fuente de la juventud. Has seguido asomándote desde el pretil para ver tu imagen hasta que te has caído dentro y casi te ahogas”. A lo que Zelda le respondió: “No me asomaba para ver mi imagen. Intentaba sacarte del agua a ti”.

Los restos de Scott y Zelda reposan juntos en el cementerio de Saint Mary, en Rockville, Maryland. En la lápida se contempla el siguiente epitafio que pertenece a las últimas líneas de El Gran Gatsby: “Y así seguimos empujando, botes que reman contra la corriente, atraídos incesantemente hacia el pasado”.