2014

Se había ido todo al diablo en dos segundos. Ella vino y me dijo que ya no me quería, que incluso era probable que nunca lo haya hecho. Que nada más intentaba darme una oportunidad. Que era un buen chico, que ella no era una buena chica y bla, bla, bla. El cuento de siempre cuando no quieren romperte el corazón, pero lo hacen de todas formas.

Mientras más tiempo evitan pasarte el cuchillo por el cuello, más te lo rajan. Dejé de oírla y las piernas me flaquearon. No pensé que me iba a joder tanto que una belleza vulgar me dijera algo así. Luego de agujerearme por completo y de dejarme las tripas fuera y la cabeza como un colador, se marchó contorneando su hermoso y gordo culo a otra parte. Sus piernas largas y delgadas, su cintura comprimida y su melena castaña eran como muchas otras, pero; la puta madre, ésa era mi chica, y me acababa de dejar.

No perdí mucho tiempo. De inmediato salí echando putas hacia el bar a pegarme una borrachera de ensueños. Así que ahí estaba yo, hecho un don Juan con la mirada más triste que se pudiera advertir en el recinto.

Una encantadora rubia se acercó a pedirme fuego.

—¡Ey! Tenés un bonito rostro, deberías sonreír más —me dijo con una melodía en la voz que hizo que en dos segundos despabilara.

—Estás viendo el rostro de un derrotado, chica —dije haciendo una divertida mueca—. Todo esto no vale la pena de todas formas. ¿Cómo te llamás? —pregunté mientras le encendí el cigarro.

—¿Te importa saber mi nombre en realidad? —¡MIERDA!, estas son las clases de chicas que me gustan, pensé. Las que dan el primer golpe directo a la quijada.

—Tu nombre lo voy a olvidar mañana, junto con todo esta mierda de día.

—Nunca, nadie, JAMÁS me ha dicho que era alguien fácil de olvidar.

—No voy a olvidar tu voz. Tengo una muy buena memoria auditiva. ¿Cantarías algo para mí?

—Ja, ja, canto muy mal —me dijo mientras yo imaginaba una escena del crimen ojos para adentro.

—Y yo hago muy mal el amor, y no por eso dejo de hacerlo, cariño —dije. Luego llevé mi vaso de whisky a la boca.

—Me hacés reír. Sos curioso —sentenció la linda rubia y luego me tiró una bocanada de humo directo al rostro.

—Curioso es un buen sinónimo para lo horripilante. Es más fino. No te preocupés, esperá un poco más. Tengo otros trucos bajo la manga. Pronto vas a estar llorando.

—Sos un chico malo, ¿eh?

—Nada de eso.

—Vamos —me dijo. ¡Cielos! QUÉ PUTAMENTE HERMOSA ERA.

Pagué la cuenta y salimos. Lo que hicimos en el cuarto del hotel es digno de contarse en una revista para adultos. No tengo tanto tiempo, y no soy tan bueno escribiendo relatos pornográficos. Ni siquiera soy bueno haciéndolo, pero sí fue verdad la parte en que lloró, y en que tembló, y en que sus ojos se pusieron blancos como papel de fotocopia.

Bajo las sábanas logró venirse tres veces. Por lo que la trinidad nos acompañó esa madrugada. ¡Cielos!, era como acariciar el paraíso estar enredado en sus largas piernas albas. ¡Bah!, pero qué más da. Así es la jodida vida; al rato que te jode ya está haciendo una buena mamada para que te relajés y bajés los decibeles.

Y acá viene la parte donde debo poner el punto final. Diré solamente que esto pasa cuando algunas zorras dejan a su suerte a auténticos púgiles como este narrador. Nena, un hombre puede ser algo imbécil y gamberro, pero sigue siendo un hombre. Y un hombre de verdad, tiene lo suyo, ¿sabés? Su magia. Sus truquitos. Yo tengo los míos. Resulta que lo estamos intentando. Me enamoré de esta maldita y perversa criatura. Es lo mejor que he tenido. Y me hace sentir en el puto cielo. ¿Qué más puede pedir un buen púgil? Claro, claro, otro whisky.

—¡Mozo!